lunes, 15 de febrero de 2010

Humo verde de compañero

Aun siento un pequeño y agradable mareo que me turba los sentidos, al menos los empíricos, pues el raciocinio navega en distintos mares que de costumbre, pero luz hay en ellos.Después de un verde bien condimentado y una más que abundante ración de cereales más por el habitual agujero negro que por estómago se asemeja, que por hambruna sea dicha. Tuve la imperiosa necesidad de escribir algo, aunque dicho objeto se me escabulle sin posibilidad de precisar. Así pues vagabundearé por los pensamientos…
Las mismas preocupaciones vuelven a uno con pasmosa habitualidad. Preocupaciones que siempre disipamos con encogimiento de hombros ante la imposibilidad de solucionarlas (aspirando a mucho) o al menos, darles explicación. Preocupaciones mundanas para los ojos del inseguro y problemático mundo que gestamos pero primordiales en nuestro día a día.

Siendo tan consciente de ello, aun me sorprendo, sorprendiéndome de la sorprendente virulencia que provoca, la inseguridad ante tales minucias.

Y es que somos seres egoístas y necios. El altruismo ha muerto, y si no, agoniza ante los únicos seres capaces de esgrimirlo. El altruismo es solo un mito, un término cuya explicación da significado a lo que no entendemos, a aquello inexplicable y que por ello, nos atemoriza.

Negro, negro, negro, negro es mi cinismo aunque no mi estado de ánimo, y como no iba a serlo siendo el día que es, o más bien el que fue. Siempre me gustó San Valentín, quitando el matiz comercial atribuido a este, es no obstante, algo bonito.

Y no me tildéis de bobo enamorado, pues no lo estoy desde hace algún tiempo. Hace tiempo que no noto el excitante cosquilleo en el estómago, que exalta tus nervios y enturbia tu labia – ¡Ay no! – lástima la mía, pues es el amor lo que debería mover el mundo, así como nuestra existencia.

Y es que, si bien es cierto, que malas experiencias, con las personas inadecuadas, así como las distorsiones provocadas por los estereotipos de relaciones que nos inculcan en nuestra gran sociedad de masas estropean, nuestra esperanza y buenaventura sobre el amor, triste es aquel que no aspira a vivir con el dulce abrazo de este.

Te responderé a ti, (lector que no se por que motivo no tienes nada mejor que hacer que leer unas incoherentes líneas perdidas de alguien tocado por el dios verde) Que ese amor existe, palpablemente real como un dragón en verano. -¡Joder! – Diréis, pues sí, es real mientras creas en el, pues de lo contrario, se esfuma sin darte oportunidad a catarlo.

Y es ahí donde reside toda la frustración que ello provoca. En estos tiempos es muy difícil encontrar la persona adecuada, con la que conectamos de una manera imposible de explicar, ya que la sociedad nos ha matado. Consiguiendo su cruel objetivo de deshumanizarnos, individualizándonos, y arrancarnos la sensibilidad, para convertirnos en autómatas sin pensamientos. Sin pretensiones, ni aspiraciones, sin inquietudes, con fácil y simples necesidades de ocio consumista basado en frivolidades.
Las antañas malas experiencias no contribuyen a mejorar nuestra sensibilidad, pues construyen una infranqueable barrera, construida con la suspicacia y el miedo a las heridas del corazón que tanto tememos nos muerdan certeramente.

Duro es darte cuenta, tarde, que no abriste tu corazón a quien, se lo merecía. Triste la prevaricación, y triste la ignorancia de esto. Triste la primera por cruel o cobarde, triste la segunda por la pregusta que siempre rondará por tu mente – y si… -

En fin, la luz es rápida, pero yo lo soy más, y no hay manera que me alcance, pues sentido tiene en mi cabeza todo lo dicho, aunque mis ojos lo contrario me dicen al releer las líneas. Sacad algo en claro os reto.

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